Madrid, 29 de nov[iembr]e de 1839
También dige a V. que el haber regresado mi hijo Pedro por Francia ha sido el motivo de que no haya podido enterarse de ciertos pormenores que no quiero fiar a la pluma y, por los cuales, tendría V. que penetrarse de que el patriotismo de ciertas gentes está en mis planes de fortuna, etc. etc., de lo cual podrá V. también enterarse por medio del amigo que debía salir hoy para esa y esto se detendrá unos tres o cuatro días para poder ir con alguna seguridad. Vamos a otra.
Se ha abierto el campo de elecciones y yo digo el campo de las pasiones, intrigas, ambiciones y de la hipocresía y hablo así porque la esperiencia me ha acreditado que pocos son los hombres que conceptúen que el carácter de diputado es el de una verdadera carga, y que para demostrarlo así preciso es que el regreso al seno de mi familia sea con menoscabo de mi fortuna y sin ningún título, grado ni condecoración más que el de haber sacrificado en bien de mi patria.
En poco tiempo hemos visto a hombres con deseos de escalar el poder, para lo cual solamente saben ostentar su patriotismo, pero sin la correspondiente delicadeza de quererse asociar con personas enteramente opuestas a los de verdaderamente liberales y sin conocer que su negada capacidad les pudiera permitir que en un gobierno representativo, abiertas las cortes y sentados en los bancos ministeriales, habían de ser la burla de la nación y la confusión del mismo partido liberal, al considerar que si se hubiese presentado la época de que d[ic]ho partido hubiese tenido que tomar las riendas del gobierno, había de hechar mano de hombres que representan la misma nulidad y que solo pueden aspirar a tal altura no estando abiertas las cortes, que es lo mismo que decir en gobierno absoluto, porque entonces el ministro sale luciendo proyectos firmados por él y hechos por otro, pero en gobiernos representativos y queriendo pertenecer a un partido con el cual no contó para nada, es preciso confesar que ha de ser efecto de una ambición tan desatinada como sin límites y lo peor es que después que se les ha malogrado tan desatinado plan, han tenido riñas y peloteras ellos con ellos y en las que he estado bien libre, porque en nada se ha contado conmigo, de lo que me alegro mucho, habiéndoles cegado tanto la ambición que ni hoy día no han llegado a conocer de que sirvieron de ciegos instrumentos del partido contrario para ganar tiempo y concertar sus planes, pues que a quien no le ocurre que si de buena fe se hubiese querido que el partido liberal juicioso hubiese triunfado ni se hubieran cerrado las cortes ni hubieran dejado de buscar hombres de capacidad y prestigio, pero, amigo, la ambición de querer navegar sin timón ni brújula hace producir semejantes averías o disparates.
Todo lo que yo acabo de·referir y que es para V. solo, prohibiéndole espresamente que lo divulgue a nadie, no dudo que se convertirá en títulos para apoyarse en la nueva candidatura, no olvidando también la grande proporción que hay en todos los momentos de hablar con la reyna gobernadora y otras farsas de esta naturaleza. Yo, que como V. sabe, me he propuesto desde que hay gobierno representativo ni pedir ni hacer pedir, porque sé los sacrificios que cuesta poder jugar limpio y sin que yo dirija la presente a determinadas personas ni al·objeto de colocarme en cierta situación para sacar o asegurar un buen resultado en las prócsimas elecciones.No puedo menos de·decir con mi franqueza que en la Diputación de Tarragona falta y hace suma falta una persona (a lo menos) que sepa hablar, pues yo que acostumbro a hablar claro, debo decir, que empezando por mi y aunque me reconozca de alg[un]a utilidad en las comisiones, con todo, más de una vez me he visto embarazado en el congreso si había pensado hablar después de un orador. Es preciso, pues, que se haga un pensamiento serio a fabor de esa provincia y si se hace de buena fe, empezando con elegir a Magriñá, a quien yo conozco personalmente, no solamente harán un bien a la prov[inci]a, sinó que yo desde aora me·ofrezco y para lo cual autorizo a V. formalmente para que diga a esos electores de que en el caso de que continuándoseme en la candidatura no podía tener cabida mi idea porque se debería perjudicar a alg[un]o de los candidatos, que sea yo el primero de·separarse, porque el bien de la patria es preferible a todo. Yo creo que me hallo autorizado para hablar así y que no podrá decirse que es una adulación, porque habiéndome nombrado tantas veces esa provincia, algún d[e]r[ech]o tengo para serlo otra vez y creérmelo al mismo tiempo, pero también le hablo francamente. Si la prov[inci]a nombra otro en mi lugar que acá lo desempeñará con más talento y maestría que yo (pero no con más patriotismo, porque en esto no cedo a nadie) no·solamente diré que ha·usado la prov[nci]a de·mi d[e]r[ech]o que nadie puede disputárselo, sinó q[u]e yo la daré infinitas gracias, porque no es malo que otros vengan a disflutar de estas delicias, si·no trata de sacar provecho.
Repitiendo el que estando abierto el campo de las elecciones cada uno lo que procurará será asegurar su candidatura, unos entrarán en ciertas convinaciones y otros escribirán hasta al Padre Eterno si es menester y pocos habrá que se hayan ocupado enn pensar cómo asegurar las elecciones en favor del partido liberal, prescindiendo de personas y reparar cuanto sea posible los defectos de la ley electoral para causar menos perjuicios a los pueblos. La [sic] V. el adjunto papel y haga V. el uso que le parezca con tal que no·se vea mi letra ni se diga que es mío, porque la intriga anda mucho y no se diga que llevo un fin particular. Al amigo le he dejado sacar una copia que acaso la remitirá por el correo de hoy al s[eño]r Rosell, pero si así fuese hágase V. el ignorante.
Es un disparate proponer senadores o diputados sin estar seguros q[u]e obtarán por la prov[inci]a. supongamos que hubiese quien presentase una terna de senadores de los s[eño]res Infante, d[o]n Fran[cis]co, Ortigosa, M[a]r[ti]n[e]z de Velasco y que todos estos propuestos por otras provincias, la corona los nombrase por ellas, entonces ya ve V. como quedaría chasqueada la prov[inci]a que trató de obsequiar la persona que obtó para otra parte.
A propósito del infante d[o]n Francisco, aunque yo no lo he dicho más que por una mera suposición, con todo, yo no creo que esa provincia le proponga, porque me parece debemos prescindir de Infantes y buscar gente a propósito p[ar]a hacer feliz ese país. En fin, creo no podrá quejarse del sermón y ojalá no la lea con disgusto, como desgraciadam[en]te me decía si las destituciones le hubiesen llegado y, si así fuese, creo no le faltará a V. espíritu porque en este mundo nada hay eterno.