Belmonte, 3 diciembre de 1821.
Mi muy apreciado y querido hermano, a fuerza de quina y otras medicinas pude lograr hace quinze días de·que se me cortasen enteramente las tercianas y que se·me abriesen las ganas de comer. Mas hace siete días que a·mi ydolatrado hijo Gaspar le salió la escarla[tina], la que, a los dos o tres días, se le metió dentro del cuerpo y, como le estaban rompiendo tres o cuatro muelas y dos colmillos al mismo tiempo, fue tanto el fuego que tendría que, sin embargo de aberle aplicado varias medecinas, a los cinco días de enfermedad y hora de la una de la tarde del día de mi patrono San Andrés, se fue a gozar de·la presencia de Dios y compañía de su hermano Ramón María, que·en·gloria está. Ya creo te abía contado alguna vez que la hermosura y estrema robustés de dicho hijo me tenían loco de contento, como igualmente a su madre, por·lo que podéis inferir la aflicción en que estaremos, la qual quiera Dios que no·sea causa que Mariquita malpare.
Pepe, que tiene un talento singular, está todo el día consolándonos y en medio de quitarnos la pena y aflicción referida, nos la aumenta por temernos que su estrahordinaria vivacidad y genio tan apreciable, sin embargo de que está robusto y bueno, no lo disfrutaremos mucho tiempo por lo·mismo que le·queremos en estremo. Sea lo que Dios quiera. Con estas aflicciones no tengo humor para nada y, por lo tanto, no te digo nada de mis pretenciones y negocios.
Celebraré que os mantengáis todos los de casa y parientes buenos y recibiendo muchas expreciones de parte de Mariquita y Pepe, como igualmente mías, queda vuestro este, tu hermano, que os ama de corazón.
Gaspar María de Jover